Las chicas malas toman decisiones. Pueden ser buenas, pueden ser malas, pero siempre son sus decisiones. Las chicas malas eligen un camino, un proyecto de vida y lo siguen, lo luchan. Las llaman malas porque no son fáciles de tratar. No se equivoquen, son amables, tiernas, educadas, hijas, hermanas, amigas, compañeras, parejas y en todo son excepcionales pero no son del tipo que dirá si a todo y estará conforme con algo que no le guste. Algunas en algún momento se sintieron reducidas, agobiadas en espacios pequeños, excedieron las expectativas de lo que las rodeaba, a muchas les han dicho "tú no pareces de aquí" y prefirieron buscar otros lugares donde sentirse libres, cómodas,donde ser, con el anhelo de ver nuevos mundos, de aprender nuevas cosas de ser sorprendidas por otras formas y otras rutinas... Y cuando se acostumbren a la rutina y cuando vuelvan a sentirse atrapadas, volverán a cambiar de sitio. Volverán a la raíz para empezar de nuevo o seguirán trepando por las ramas, encontrarán nuevos horizontes y partirán hacia ellos, con el soltar, el desprenderse de todo y el duelo que eso pueda traer. Son chicas malas porque ser buenas, en muchos escenarios, significa ser conformistas,bajar siempre la cabeza, significa ser resignadas... las chicas malas no pueden serlo.
Las chicas malas también son estables: son fuertes a su manera, son grandes profesionales, cada día ávidas de conocimiento y de hacer siempre lo mejor, no solo lo necesario. Las chicas malas quieren ser, o ya lo son, madres y también enseñaran a ser chicas malas a sus hijas y a sus hijos hombres fuertes, capaces de seguirle el ritmo a una chica mala, capaces de amarlas y de apoyarlas, aun cuando el mundo con todos sus problemas, se empeñe en mostrar los peores escenarios. Y los educarán así por varios motivos: uno, porque tal vez no tuvieron la suerte de encontrar un hombre capaz, que decidiera luchar con ellas y en medio de su fortaleza decidieron tomar la tarea de educar un hijo solas, con todo lo que eso implica; otro motivo, encontraron un hombre que dio la talla, esta junto a ellas y educaran los dos a estos pequeños seres para que también sean imparables en sus metas y humanos increíbles en su trato con los demás. Pero el motivo mas importante, porque independiente de la etiqueta que les da el estado civil, saben que al mundo le hacen falta mas chicas malas y mas hombres fuertes que hagan del caos un lugar mejor.
Otras chicas malas han decidido que la maternidad no hace parte de su ciclo de vida. Pero son tías, hermanas, madrinas... no parirán con dolor y sus cuerpos no conocerán lo que significa llevar nueve meses otro ser en sus entrañas. Su parto será desde el corazón, simplemente elegirán amar a un ser pequeñito y lo llevaran de la mano hasta que la vida lo permita. A estas ultimas chicas malas y a las que decidieron cumplir solas la tarea de educar sus hijos, las mirarán con recelo. Les dirán -ya les han dicho- que se equivocan, que son incompletas, que cambiaran de opinión y que sino entonces no son chicas reales. Se equivocan ellos. Solo ratifican que son mujeres de decisión. Solo ratifican que son chicas malas de las buenas.
Las chicas malas se han equivocado, han sufrido, han caído y se han levantando. Las chicas malas tienen miedos. Seguramente entre lágrimas han pensado que han llegado al fin y entre lágrimas también han concluido que todos los ciclos son diferentes, que de todos se aprende y que vendrán más caídas y nuevos comienzos, que vale la pena continuar y que todo lo que se da se devuelve, por eso en algún momento todo lo bueno que han entregado dará fruto. Son conscientes que aun en la noche más oscura a alguna hora aparecerá la luz. No desfallecen en ningún ámbito de su vida. En algunos han desarrollado mas habilidades que en otros pero saben que de tanto intentar algun día lograrán perfeccionar la técnica y lograrán lo que se proponen.
Las chicas malas no responden a ninguna estética particular. No vas por la calle y dices "esa es una chica mala" (a menos que una te asalte, pero es otro tema). No hay una seña física particular que te haga reconocerla. Pero tienes que escucharlas. Tienes que oirla hablar de las cosas que la apasionan... como intenta explicarte que hace en el trabajo que desempeña, cómo sufrió cuando las cosas en su oficina no fueron bien, que sintió en la última canción que escuchó, lo orgullosa que está de las cosas que ha aprendido, lo mucho que disfruta el tiempo que pasa con su familia, el efecto que le causo el ultimo atardecer en la ciudad que ama, el impacto que causo en alguien con sus proyectos, los avances que ha tenido su hija en la escuela, lo que esta planeando hacer y lo que está haciendo para sacarlo adelante. Date el regalo de escucharlas. Date el regalo, si tienes la oportunidad, de aprender de ellas. Dales el regalo de que aprendan de tí si tienes algo que aportar y sino apártate y dales el regalo de no ser un obstáculo y llenar de prejuicios y dudas su camino. De eso ya tienen suficiente.
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