Los miedos tocan la puerta y la ansiedad les abre
No lo hagas! Grita al fondo la razón
Pero y si es importante? Ansiedad responde.
Que pasen, será una charla breve- dice el corazón.
Pero no... No fueron breves, tampoco amables
Que nada tiene sentido, que nada importa que todo caducará más tarde que temprano pero que al final nada vale la pena el esfuerzo.
Alternativas? Pregunta la esperanza
Ninguna, ellos responden, la muerte, la inmovilidad es la opción más rentable, no desgastarse, no luchar, no insistir, no cansarse.
Del cuarto del fondo sale alguien... Luce viejo y agotado, se apoya en un bastón. Se para en el balcón mirando el horizonte... Deja el bastón a un lado y camina con paso decidido a la sala.
Retirense, dice con voz firme a los miedos. Agradecemos su preocupación pero entre fallar por no hacer nada y fallar intentando algo escojo la segunda opción. No regresen, no llamen, ya los hemos escuchado pero no les seguiremos.
Los miedos se levantan y salen, giran nuevamente y prometen ¡Volveremos!
Lo sé, responde la voluntad, y procuraré que la repuesta sea la misma
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